9 may. 2018

" Sé de dónde vengo y a donde voy"

13. Dijéronle, pues, los fariseos: Tú das testimonio de ti mismo, y tu testimonio no es verdadero.
14. Respondió Jesús y dijo: Aunque yo dé testimonio de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde vengo y adonde voy, mientras que vosotros no sabéis de dónde vengo o adonde voy.
15. Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie;"
16. y si juzgo, mi juicio es verdadero, porque no estoy solo, sino yo y el Padre, que me ha enviado.
17. En vuestra Ley está escrito que el testimonio de dos es verdadero.
18. Yo soy el que da testimonio de mi mismo, y el Padre, que me ha enviado, da testimonio de mí.
19. Pero ellos le decían: ¿Dónde está tu Padre? Respondió Jesús: Ni a mí me conocéis ni a mi Padre; si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre." 

(Santo Evangelio según San Juan, 8, 13-19)


 Al que juzga según la carne, le es imposible comprender las cosas del espíritu, pues tan solo vive la dimensión material y sensual de la vida humana y se cierra a sí mismo, por terquedad, a la posibilidad de otra ley que no sea la de un cuerpo que tira hacia la tierra y busca su bienestar en esta vida mortal, sin aspirar a nada más.

Por eso no lograban, nisiquiera querían, comprender al Señor.

Es impresionante pensar que tenían ante sí al Creador y Salvador del género humano, y no lo veían, no eran capaces de vislumbrar la más mínima chispa de Luz en Aquel que es Luz de Luz, Dios de Dios.

Y por lo tanto no lograron comprender aquello que el Señor les decía: No estoy solo, sino Yo y el Padre que me ha enviado.

Esto nos abre un universo nuevo: el de la vida intratrinitaria, que aún siendo hombre verdadero, Jesucristo seguía siendo Dios verdadero y por lo tanto siempre, siempre estaba con su Padre en clima de Amor infinito.

Un Misterio infinito, pero no insondable, porque la Gracia de Jesucristo, que nos llama y capacita para ser hijos en el Hijo, también nos introduce en esa vivencia maravillosa de Amor divino entre los 3 y el 1.

Allí donde está Jesús, está el Padre Eterno y el Santo Espíritu de Amor.

Esta realidad sublime ya era del todo inalcanzable en aquel momento de la vida mortal del Señor para esos hombres endurecidos, carnales y cuyos entendimientos se hallaban del todo embotados, cerrados a cualquier realidad sobrenatural.

¡Y se creían representantes de Dios sobre la tierra!

Nosotros, admiremos, contemplemos esa realidad maravillosa de la vida intratrinitaria del Señor durante su vida mortal, para aprender a vivirla, ya que por pura Gracia de Dios, los divinos 3 viven en nuestros corazones, ya que creemos en Jesucristo y su Palabra siempre se cumple: "Aquel que me ame, Yo le amare y Mi Padre y Yo vendremos a él, y haremos morada en él."

Escuchemos la Palabra encarnada, al Padre Origen de todo y al Amor divino, Espíritu Santo, que nos vivifica, que si nos habitan, nos hablan. Hagamos silencio, oremos, escuchemos y dispongámonos a obedecerles, con la Gracia de Dios.

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