8 may. 2018

Evangelio según San Juan, 7, 28-29





28. Jesús, enseñando en el templo, gritó y dijo: Vosotros me conocéis y sabéis de dónde soy: y yo no he venido de mí mismo, pero el que me ha enviado es veraz, aunque vosotros no le conocéis.

29. Yo le conozco, porque procedo de El, y El me ha enviado. 

(Evangelio según San Juan, 7, 28-29) 



¡Qué fina ironía usaste, Señor! Ellos creían que te conocían, los fariseos, "todo-sapientes", y no sabían nada de ti, ni de Dios tampoco. ¿Cómo pudieron hombres que pretendían representar a Dios sobre la tierra, caer en distorsiones tan flagrantes de todo cuanto los personajes santos de la historia de Israel les habían transmitido de parte de Dios? Pues podían y cayeron, porque solo vivían para  y por el poder temporal. Ese veneno mortal que aniquila toda ansia de Dios verdadera, y la sustituye por el ansia de más poder y posición, más dinero, más prestigio, etc.

Vosotros no conocéis a Dios, porque nisiquiera le buscáis. 
¿Y pretendéis hablar en su Nombre?

Jesús le conoce, porque es Dios de Dios, Luz de Luz, porque procede del Padre divino que le ha enviado a la tierra, Palabra encarnada en María Inmaculada, hecho hombre de verdad. Tan verdad, que los ciegos de poder, no veían más allá de su propias pasiones, y de la simple apariencia de un hijo de carpintero, con supuestas ínfulas de Mesías, tan solo veían que les restaba protagonismo ante el pueblo y les contradecía en sus pretendidos mandatos divinos.

"Yo le conozco.", les dijo el Señor.

yo creo, Señor Jesús, que tú conoces perfectamente al Padre y te ruego me permitas poder entrar a su divina Presencia y aprender poco a poco a conocerle como Tú, para saber cómo desea que le sirva mejor.

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